EL TIEMPO- Joseph F. Engelberger departía con el inventor George C. Devol en un
cóctel. La cordialidad rutinaria dio paso a un acalorado debate sobre
las leyes de los robots concebidas por el escritor Isaac Asimov:
1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, no deberá permitir que un ser humano sufra daño alguno.
2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si las mismas entran en conflicto con la primera ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que este acto no entre en conflicto con las dos primeras leyes.
Devol
venía trabajando en una máquina denominada Dispositivo de Transferencia
Programada de Artículos desde hacía dos años. Una sesuda revisión de
las tres leyes llevó a que Engelberger coligiera que dicho dispositivo
era, en esencia un robot porque podía ayudar a que los humanos no
sufriesen daños.
Era el año 1956 y se erigían los
cimientos de una revolución tecnológica y cultural. Fidel Castro
desembarcaba en Cuba y encendía los ánimos de la insurrección ideológica;
Elvis Presley conquistaba el corazón de América con su sencillo
‘Heartbreak Hotel’ y la Unión Soviética se preparaba para elevar el
primer satélite artificial (el Sputnik I) más allá del horizonte meses
después.
Endelberger, quien para esa época sumaba 31 abriles, era un
connotado científico especializado en la rama de la física y había
participado en el proyecto de la bomba atómica en la paradisiaca Isla Bikini mientras servía para la Marina de los Estados Unidos.
Entre
1946 y 1953, fue partícipe del diseño de sistemas de control plantas de
energía nuclear y motores de aviones Jet mientras completaba una
maestría en ingeniería eléctrica en la Universidad de Columbia, en Nueva
York.
La especialidad de Endelberger, un joven de postura firme, cabeza calva y elegante vestir, eran los sistemas de control.
Se enamoró del dispositivo concebido por Devol y resolvió asociarse con este último para construir el primer robot industrial.
De acuerdo con el perfil construido por Robotic.org, “concibió la
manera de usarlo en manufactura, en particular para ejecutar trabajos
peligrosos para los seres humanos”.
En 1957, Endelberger
convenció a Norman Schafer, presidente de la corporación Condec, para
que financiara la consumación del invento de Devol. Dos años
después, el primer prototipo de robot (el Unimate #001) fue instalado en
la línea de ensamblaje de una planta de producción de General Motors
ubicada en Trenton, Nueva Jersey.
Era un brazo robótico que movía
aleaciones hirvientes desde la línea de ensamblaje para después
soldarlas en el cuerpo de los vehículos. Aquel trabajo comportaba un
riesgo significativo para los trabajadores porque suponía la
manipulación de materiales a elevadas temperaturas, se explica en un
artículo de la publicación Trentonian.
Era un sistema básico que
cumplía una sola función: transferir elementos de un punto a otro. Sin
embargo, marcó el albor de la robótica industrial.
El impulso
otorgado a esta invención, por parte de Endelberger, le mereció el
rótulo de “Padre de la robótica”. Como resultado del éxito del Unimate
#001, este científico nacido en Brooklyn, Nueva York en 1925, fundó la
firma Unimation en la ciudad de Danbury (Conneticut) para continuar
desarrollando brazos robóticos.
En 1961, crean el Unimate 1900 Series, el primer brazo robótico producido en masa y así despegó este segmento de la industria.
Ese mismo año, su socio George Devol recibió la patente por su
invención. En 1966, Unimation otorgó licencias a Nokia, de Finlandia, y
Kawasaki Heavy Industries, de Japón, para manufacturar y comercializar
el Unimate. En consecuencia, la robótica se expandió de Estados Unidos a
Asia y a Europa.
Endelberger presidió Unimation hasta 1983. Un
año después, fundó Transition Research, cuyo propósito era desarrollar
robots útiles para propósitos médicos, en particular al servicio de la
población mayor de edad.
El papel desempeñado por Endelberger lo
ubica en una posición similar a la asumida por Steve Jobs con respecto a
Steve Wozniak. No fue el inventor del primer brazo robótico, pero fue
quien entendió los alcances de aquel desarrollo y lo impulsó hasta
transformar la industria.
Un dato curioso: el término robot fue
acuñado por la obra de teatro ‘Los robots universales de Rossum’ en
referencia a personas artificiales o androides. Se deriva de la palabra
checa designada para “trabajador”.
Con información de http://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/quien-era-joseph-engelberger-el-padre-de-la-robotica/16447376